Es una de las preguntas que más me hacen cuando alguien trae joyas heredadas al atelier: ¿esto es oro? A veces la respuesta es evidente y a veces no tanto. Te cuento cómo comprobarlo, qué pruebas caseras sirven de algo y cuáles es mejor olvidar.
1. Busca el punzón
Es lo primero y lo más fiable que puedes hacer en casa. Las joyas de oro suelen llevar grabado un número diminuto que indica la pureza del metal. Búscalo con buena luz y, si puedes, con una lupa: por dentro del aro de un anillo, en el cierre de una cadena o en la parte de atrás de un pendiente.
- 750: oro de 18 quilates (75% de oro puro).
- 585: oro de 14 quilates.
- 375: oro de 9 quilates.
- 925: plata de ley. Si lleva oro por encima, puede ser vermeil.
Si quieres entender bien qué significa cada número, lo explico en qué significa el oro de 18 quilates.
Ojo con dos cosas. En joyas muy antiguas el punzón puede estar gastado o no existir, y eso no significa que no sean de oro. Y siglas como GP o HGE junto a los quilates indican que la pieza está bañada, no que sea maciza.
2. Fíjate en el desgaste
El oro macizo no cambia de color por dentro. Si en las zonas de más roce (el interior de un anillo, los bordes de un colgante) asoma un metal de otro color, la pieza tiene un baño y lo de debajo es otro material.
3. La prueba del imán (con matices)
El oro no es magnético. Si un imán atrae la joya con fuerza, es casi seguro que no es oro macizo. Pero que no la atraiga no demuestra que lo sea: hay muchos metales que tampoco reaccionan al imán. Sirve para descartar, no para confirmar.
Las pruebas que mejor no hacer
- Morderla. Es un mito de película. Puedes marcar una pieza de oro y dañarte los dientes.
- Rayarla contra una superficie. Deja marcas para siempre.
- Usar ácidos o lejía en casa. Son peligrosos y pueden estropear tanto el metal como las piedras.
Cuándo conviene que la vea un profesional
Si la joya no tiene punzón, si es antigua o si piensas hacer algo con ella (venderla, transformarla, reutilizar el oro), merece la pena que la vea alguien con los medios adecuados. Un profesional puede confirmar si es oro y de cuántos quilates sin dañar la pieza.
Y hay algo más importante que saber si es oro: saber qué es. Una joya antigua puede tener un valor histórico o una factura que ya no se hace. Antes de fundir nada, conviene mirarla con calma.
¿Tienes joyas que no sabes qué son?
Tráemelas o mándame unas fotos. Como gemóloga, te digo qué tienes, qué piedras llevan y qué se puede hacer con ellas. Si te apetece darles una segunda vida, mira qué hacer con las joyas heredadas.